Enfrentarse a una situación inesperada, repentina, dolorosa, en la que hay pérdidas importantes para nosotros nos puede «descolocar, desbordar, congelar» y durante un tiempo no saber cómo actuar o qué sentir. Es común que sintamos cosas que anteriormente nunca hemos sentido.
Factores que influyen en las reacciones.
Factores de Personalidad.
El cómo una persona está constituida, a nivel de estructura o rasgo de personalidad, determina un grado de predictibilidad en las reacciones personales.
Se destacan tres rasgos de personalidad que deben tenerse en cuenta por la reacción que pueden tener ante situaciones de emergencia:
Histérico: Este rasgo se caracteriza por producir conductas escandalosas, exageradas, infantiles y primitivas. Su nocividad reside en el riesgo de contagio que hacia los demás posee.
Depresivo: Presenta conductas pesimistas y desmoralizantes para sí mismo y para otros. La nocividad es el riesgo de las conductas suicidas (explícitas e implícitas) como única vía, pudiendo sugestionar a otros.
Obsesivo: es de ideas fijas e irrechazables. Su nocividad en situaciones críticas depende de la idea que presente (de salvación o destrucción), aunque pueden ser útiles para tareas organizativas de evacuación o peligrosas, puesto que pueden volver a entrar al lugar del siniestro.
Factores individuales
Nivel de formación. Personas con mayor grado de instrucción muestran más autocontrol. En bajos niveles de formación nos encontraremos con conductas frecuentes de inseguridad, desconcierto, actitudes de hacinamiento y menor cooperativismo.
Sexo. En estudios sobre incendios se ha observado algunos comportamientos diferenciales, en los que cabe destacar, por ejemplo, que las mujeres suelen atender más a las señales objetivas de alarma (humo, ruido, voces… ) y los hombres atienden más a los datos que pudieran indicar una posible señal subjetiva de alarma. Las mujeres tienden más a comportamientos histriónicos que los hombres, y estos muestran más conductas impulsivas. Los hombres se distinguen en tareas de participación de lucha contra el fuego, mientras que las mujeres se distinguen en tareas de alarma y evacuación.
Edad. Ésta es una variable importante ya que las reacciones son muy variables según la edad. Si se trata de jóvenes hay más probabilidad de que se produzcan conductas desinhibidas y desordenadas. Pasan del desconcierto al miedo muy rápidamente, con reacciones más frecuentes de pánico. En cambio en los individuos maduros se da más autocontrol y más cooperativismo. Con personas de edad avanzada, obviamente, hay que tener en cuenta su menor capacidad de reacción, lentitud, inseguridad, etc.
Condiciones físicas. También es un factor que merece una especial consideración en el momento de diseñar el plan de emergencia en lugares como hospitales, residencias y otros análogos, donde las tareas de evacuación se dificultan. En los individuos con buenas condiciones físicas se ha observado que, a menudo, en estas situaciones pueden asumir riesgos excesivos por la confianza depositada en los recursos propios.
Aislamiento-apoyo emocional. El apoyo de un ser conocido hace más probable la aparición de conductas adaptadas a la situación. Es decir, la soledad sería un coadyuvante en la aparición de un sentimiento de inseguridad e incertidumbre, generando potencialmente conductas descontroladas.
Tolerancia a la frustración. La frustración es un estado que emerge en el individuo cuando interfiere en una conducta meta un instigador externo, impidiendo la consecución del objetivo. Así, la frustración es origen de la aparición de conductas agresivas. Es sencillo deducir lo importante que es para los individuos en los estadios iniciales de la emergencia tener una percepción clara de «que hay salida», dónde está y quién los llevará. Si no es así, pueden desatarse estados emocionales de indefensión, con conductas autoagresivas, paralizantes o ataques a otros en el intento de buscar y alcanzar la salida.
Tendencia al gregarismo. En general, cuando el individuo se ve inmerso en una situación de emergencia, siente miedo de responsabilizarse de sus actos, de tomar decisiones, y tiende de una manera instintiva a refugiarse en el grupo. A mayor peligro, mayor necesidad de que el grupo sea lo más numeroso posible. Aquí aparecería el fenómeno de la despersonalización, base de las reacciones de pánico, que conducirá a las masas a un estado colectivo de elevada sugestionabilidad, produciéndose el contagio.
Territorialidad. Esta variable es importante en situaciones de grandes aglomeraciones, a menudo no tenida suficientemente en cuenta cuando se estudia la influencia de un espacio cerrado sobre la conducta de las personas allí congregadas.
Liderazgo. Esta variable, como la capacidad de controlar y dirigir a otros, toma gran importancia en la positiva resolución de estas situaciones. Se hace necesario tener este aspecto en cuenta a la hora de realizar la selección de las personas en el centro para instruirlas en emergencias y evacuación. Será el líder guía quien transmitirá serenidad, evitará que surja el pánico, controlará a los individuos inestables y aprovechará a los tranquilos, optimizando al máximo las condiciones de alta sugestionabilidad para manipular las conductas de forma segura para la evacuación.
Algunas personas pueden estar solo ligeramente angustiadas o no sentirse nada angustiadas.
La mayoría de las personas se recuperan adecuadamente con el paso del tiempo, sobre todo si consiguen cubrir sus necesidades básicas y recibir el apoyo necesario, ya sea por parte de quienes le rodean y/o de PAP.
Trastornos psicológicos inmediatos que puede aparecer:
Trastorno Adaptativo: depresivo, ansioso, mixto.
Trastorno Estrés Agudo: ansiedad, embotamiento, desapego a la realidad,despersonalización y amnesia. Re-experimentación y evitación.
Síndrome de aflicción por catástrofe: tristeza, ira, ansiedad, nostalgia, etc.
Síndrome del superviviente: irritabilidad, ira y agresividad.
Trastorno Disociativo: emoción y el pensamiento.
Crisis de angustia o Trastorno de pánico: temblor, sensación asfixia, dolor pecho, nauseas, mareos, sensación de irrealidad.
Aura Marqués.
Psicologa General Sanitaria, terapeuta Emocional.
Experta en Psicología de Emergencias y Catástrofes.
Palma de Mallorca.