Intervención Psicológica Avanzada en Emergencias

¿Qué son los I.P.A?. Es una intervención que realizan psicólogos especializados en tratamiento psicológico en emergencias y catástrofes, donde evalúan la situación, identifican necesidades, hacen triaje psicológico entre algunas de sus funciones.

Decimos Intervención Psicológica Avanzada (IPA)  y no Primeros Auxilios Psicológicos (PAP) o Intervención Psicosocial, porque nuestra actuaciones sanitaria, no psicosocial. Somos Psicólogos General Sanitarios y Clínicos, con formación especializada en emergencias y prestamos un servicio de información, orientación y atención sanitaria, inmediata, próxima, proactiva y preventiva.

Es una intervención breve, centrada en el presente y directiva (aunque pedimos permiso para ayudar) que pretende recuperar un cierto funcionamiento normal. No hacemos terapia.

 

Por otra parte, el psicólogo puede asesorar a los gestores de la emergencia sobre aspectos que pudieran producir una victimización secundaria en los afectados si no se enfocan de una forma adecuada, como son la comunicación directa entre instituciones y afectados, la transmisión pública de malas noticias según las variables concretas que rodean a la emergencia.

También puede asesorar sobre las circunstancias que pueden reducir el impacto, si hay necesidad de identificación visual de cadáveres, sobre la optimización, psicológicamente hablando, en la organización de las capillas ardientes, sobre el reconocimiento y recogida de objetos personales, en la preparación de rituales de despedida, etc.

Finalmente, el psicólogo puede desarrollar una intervención psicológica con intervinientes encaminada antes de la intervención, a que conozcan las situaciones potencialmente estresantes y aprendan a manejarlas, y al finalizar la propia intervención, a través de técnicas grupales y psicoeducativas que ayuden al manejo del estrés

Se parte del principio de que hay diversidad de formas de actuación en las que se participa: recepción de familiares, acompañamiento en reconocimiento de cadáveres, asesoramiento y apoyo emocional, búsqueda de soluciones y toma de decisiones, gestión y coordinación, contacto con otros recursos, etc.

 

Los objetivos principales de esta intervención psicológica después de un suceso traumático son :

  • Minimizar el impacto psicológico a corto plazo.
  • Facilitar un adecuado enfrentamiento ante situaciones potencialmente generadoras de estrés por su alto contenido emocional.
  • Disminuir la probabilidad de aparición de un trastorno psicopatológico en aquellas personas que han sido pacientes directos, indirectos, implicados, familiares, amigos o allegados en sucesos traumáticos e inesperados.
  • Informar y orientar sobre recursos específicos de ayuda.
  • Fomentar el acceso de la población de riesgo a la red asistencial sanitaria.

 

Actividades durante la Intervención Psicológica Avanzada en el momento del desastre:

  1. Recogida de datos sobre las relaciones observables en los afectados.
  2. Observación de comportamientos individuales, detección y evaluación de necesidades de intervención.
  3. Realización del primer contacto psicológico: aproximación mediante una actitud empática y una escucha activa, que facilita la exteriorización de los sentimientos, percepciones e ideas acerca de la situación. Esta empatía y escucha son terapéuticas por sí mismas, por tanto, suponen la primera herramienta a la hora de intervenir.
  4. Evaluación preventiva y gestión de grupos de riesgo: es necesaria una primera valoración del estado de las víctimas examinando las funciones básicas (emociones, reacciones fisiológicas, aspectos cognitivos y comportamentales), que nos ayude a detectar la gravedad de la dimensión del problema, presentando especial atención a los denominados grupos de riesgo (niños, ancianos, víctimas muy afectadas que pueden contagiar al resto).
  5. Entrevistas con víctimas, familiares y agentes encargados de paliar el desastre. Atención a la salud mental a largo plazo: evaluando el nivel de pérdida de los recursos que los individuos han experimentado y realizando un seguimiento o derivación a un centro de salud.
  6. Organización de centros de Recepción e Información: uno o dos profesionales de la psicología suelen ser asignados a cada familia o a su representante y estarán con ellos todo el tiempo que sea necesario.
  7. Ayuda para iniciar la elaboración del duelo: el profesional de la psicología deberá trabajar ciertas tareas que deben resolverse para elaborar el duelo adecuadamente, como son: aceptar la realidad de la pérdida (tanto intelectual como emocionalmente) ayudando a las personas afectadas a hablar de la misma; trabajar las emociones y el dolor de la pérdida, facilitando el desbloqueo emocional y la negación del dolor a través de la reestructuración cognitiva; adaptarse a un medio en el que la persona fallecida está ausente, desarrollando estrategias de afrontamiento y resolviendo problemas; recolocar emocionalmente a la persona fallecida y continuar viviendo de forma que le permita continuar con su vida después de la pérdida. En algunas ocasiones, pueden que tarden en recuperarse los cuerpos o incluso no lleguen a recuperarse. En estos casos, la falta de evidencia física dificulta el proceso de elaboración del duelo.
  8. Intervención con familiares en crisis: a menudo, existe una tendencia a creer que el profesional de la psicología, por el simple hecho de serlo, va a reducir el sufrimiento de las víctimas, y que es una figura necesaria, casi mágica, para frenar ataques de nervios o ahuyentar psicopatologías traumáticas. Puede ayudar, sí, pero con las limitaciones de su entrenamiento y formación específica y siendo un profesional más, coordinado con el resto. Los/as profesionales de la psicología deben conocer cómo y cuándo actuar, y sobre todo, qué tipo de intervención deben realizar según las circunstancias y un análisis previo del suceso.
  9. Acompañar a familiares en procesos de identificación de cadáveres: frecuentemente la identificación de las personas fallecidas será, para la familia, la primera confrontación con la realidad de la muerte. El cómo se les trata en un momento tan duro y cómo se les prepara puede afectar posteriormente en el proceso de elaboración del duelo.
  10. Relación con los Medios de Comunicación: la colaboración con los medios es importante ya que tienen un impacto ambivalente, por una parte, dan a conocer lo que ocurre, ofrecen orientación sobre dónde solicitar ayuda y, por otra parte, pueden complicar el recuerdo posterior del suceso al generar informaciones contradictorias y al magnificar o ignorar determinados problemas. A menudo el/la profesional de la psicología puede hacer de mediador con el fin de dar protección a las personas afectadas para que no se vean invadidas por cámaras, micrófonos, etc. Es aconsejable designar una persona como portavoz que haga de intermediario con los medios.
  11. Asesorar a gestores/as sobre distintos aspectos psicológicos y sociales (organización de capillas ardientes, mecanismos óptimos de información y comunicación de malas noticias, técnicas de manejo de los rumores sociales). Los rumores abundan después de cualquier catástrofe y pueden minar el funcionamiento del grupo. La mejor forma de afrontarlos es facilitar información adecuada y fiable lo más rápidamente.
  12. Cooperación y coordinación con otros grupos profesionales: profesionales de Trabajo Social, profesionales del ámbito sanitario, medios de comunicación, etc. m) Apoyo psicológico a intervinientes y profesionales mediante prevención primaria o predesastre (selección, información y formación antes de la intervención), prevención secundaria (rotación de lugares de trabajo más estresantes, periodo de descanso e intervención tras las primeras 48/72 horas con técnicas de «defusing»).
  13. Comunicación de malas noticias.

 

Y después de una intervención qué actividades se pueden realizar:

  1. Promover o realizar apoyo psicológico y/o seguimiento de los grupos de intervención («debriefing»).
  2. Intervención preventiva y/o terapéutica con personas afectadas y familiares (cognitivo-conductual, mindfulness, terapias humanistas, relajación, terapia familiar).
  3. Elaboración de informes técnicos sobre todo tipo de intervención llevada a cabo, que permitan la puesta en común de las experiencias.
  4. Participación en foros de debate científicos sobre aspectos psicológicos en desastres.
  5. Realización del seguimiento de las víctimas y especialmente de los grupos de riesgo afectados por el desastre (la sintomatología puede aparecer más tarde).

 

Necesitamos tener en cuenta:

  • Empatizar, pero con cuidado, es necesario ser realista, si algo no se sabe, sobre lo que está pasando, no se inventa. Y tampoco podemos derrumbarnos, en esos momentos necesitamos auto-regularnos para poder ayudar.
  • Quitar de nuestro vocabulario la palabra «tranquilízate» «tú eres fuerte y puedes» «ahora tu eres el mayor y tienes que cuidar de todos (a un niño)».
  • Respetar las diferencias socioculturales y étnicas. Gitanos, árabes, chinos, etc, tienen otra manera de expresar el duelo.
  • Vigilar y gestionar el «contagio emocional» a lo largo de la intervención.
  • A las personas que pueden «desestabilizar» se les pueda dar una función o tarea a realizar, que los aleje del entorno y les aporta sensación de utilidad.
  • No discutir con la persona que está alterada o se muestra irritada, no intentamos hacerla entrar en razón ya que se está desarrollando en un plano emocional, no racional.
  • No culpar o moralizar sobre el posible comportamiento imprudente. Si la situación se puede volver violenta, se avisa a las fuerzas del orden.
  • No cortamos el lloro o manifestaciones de dolor o sufrimiento (excepto si hay peligro de conductas autolíticas).
  • No seguimos la corriente o damos la razón delante de manifestaciones de culpabilidad
  • No decimos «el tiempo lo cura todo» sabemos que no es cierto, algunos duelos duran eternamente.
  • Decir que todo irá bien más adelante pero que «no será como antes».
  • No intentar que se dé prisa en superar el dolor.
  • No «recetar emociones» con frases hechas como «estoy seguro que te sientes deprimido» o «yo sé cómo te sientes» «debes estar pasándolo muy mal», lo cual no es cierto ya que no estamos dentro de esa persona para saber que está experimentando. Mejor preguntar «cómo te sientes».
  • Y sobre todo si dentro de un tiempo prudencial, se sigue mal, buscar ayuda profesional

Aura Marqués
Psicóloga. Clínico EMDR
Palma de Mallorca

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