Se está resiliente, no se es.
Tras todo lo que está pasando con el confinamiento y la pandemia de la COVID-19, más que nunca se hace importante reflexionar sobre nuestra capacidad de resiliencia, reponernos de las dificultades por las que hemos pasado y a las que vamos a tener que enfrentarnos, ¿Tenemos capacidad los seres humanos para sobreponernos a la adversidad y,además, construir sobre ella?.
Resiliencia se la entiende como un proceso dinámico que tiene por resultado la adaptación positiva, aún en contextos de gran adversidad. Es la capacidad humana para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y salir de ellas fortalecido o incluso transformado.
La resiliencia varia a través del tiempo y las circunstancias.
La resiliencia se activa cuando experimentamos una adversidad que necesita ser enfrentada y superada.
La secuencia de respuesta ante una posible adversidad es:
- Prepararse para la adversidad.
- Atravesar la adversidad.
- Aprender de la adversidad.
Sin embargo algunas adversidades llegan sin avisar y no hay tiempo para prepararse y entonces hay que centrarse en reducir los daños al mínimo.
Todos podemos volvernos resilientes, se trata de algo universal sin ningún tipo de distinción. El desafío es encontrar la manera de promover esa capacidad en cada persona tanto a nivel individual como familiar y social. Tengamos presente que la resiliencia nace y se desarrolla en contacto con el otro.
Las personas resilientes…
- Identifican las causas de los problemas.
- Ante la adversidad gestionan las emociones. Gestionar significa poder regularlas sin evitar sentirlas. Esto requiere practica.
- Regulación de la conducta en momentos de alta presión. Controlar nuestras conductas lo podemos hacer si tomamos conciencia cuando las hacemos.
- Tienen un optimismo realista. No es lo mismo que «ser positivo».
- Confían en sus capacidades. Conocer qué somos capaces de hacer y hasta donde podemos llegar
- Poseen empatía, retos y relaciones para la satisfacción. Cosas que no siempre son tan fáciles, sobre todo en momentos de alto estrés.
Modelo de la casita: construcción de la resiliencia
La resiliencia es una construcción compleja que Vanistendael y Lecomte (2002) comparan con una casita, que se construye con sólidos cimientos. Cada estancia representa un campo de intervención posible, para los que quieren contribuir a construir, mantener o restablecer la resiliencia.
Empleando la imagen de una casa podemos identificar las diversas partes de la resiliencia:
El suelo constituye el elemento básico y fundamental de toda construcción. Por tanto, son las necesidades materiales básicas (vivienda, alimento, ropa, incluso la sexualidad) con las que debemos contar para que la construcción de la resiliencia pueda comenzar. Son los mínimos sin los cuáles no se puede avanzar, pero como es evidente, techo y comida no bastan.
Tener cubiertas las necesidades físicas puede darnos cierta serenidad y fuerza para solucionar otros problemas.
¿Tienes tus necesidades fisiológicas satisfechas?
Los cimientos de nuestra construcción responden a la confianza adquirida a través de las experiencias vividas con los más cercanos. El vínculo que nos une a familia, amigos… sentirnos aceptados, comprendidos, es básico para la construcción de resiliencia.
¿Tienes algún amigo en el que confiar? ¿Sientes que tu familia te apoya?
Subiendo al primer piso, nos encontramos con la necesidad de dotar de sentido a lo que nos ocurre. Tenemos que ser capaces de responder al “para qué” nos ocurren las cosas, dotándolas así de significado e iniciando, por tanto, el aprendizaje que nos lleva más allá del “por qué”.
¿Te permites reflexionar cada día sobre lo que te pasado ese día?
En el segundo piso, el de las otras experiencias, se sitúan aquellos otros elementos como las aptitudes personales y sociales, autoestima, e incluso el sentido del humor. Son elementos básicos en la resiliencia.
Finalmente, en el techo reside la apertura a las nuevas experiencias. A incorporar elementos nuevos que ayuden en la construcción de la resiliencia.
Pilares de la resiliencia
Autoestima
Independencia
Capacidad de interacción
Iniciativa
Creatividad
Ideología personal
Humor
¿Se puede crear resiliencia?
Se empieza por la familia y puede fomentarse en las escuelas, centros de trabajo…
La escuela, trabajo y los entornos familiares y sociales son capaces de:
Brindar afecto y apoyo. Establecer y transmitir expectativas elevadas. Brindar oportunidades de participación significativa. Promover interiorización de valores.
Educar en resiliencia es:
- Fomentar la reflexión crítica.
- Promover la interiorización de los valores.
- Responsabilidad en el pensar y actuar.
- Cultivar el optimismo realista y construir relatos de esperanza (malas noticias solo)
- Aumentar las relaciones personales afectivas y seguras.
- Un ámbito afectivo, con sensación de pertenencia y que te hace sentir reconocido, aumentará el compromiso.
- Trabajar las competencias sociales.
- Resolver problemas creativamente.
- Autoestima. Deseo de independencia.
- Evitar focalizar la atención en el fracaso .Ocasión de aprendizaje.
- Considerar al otro como co-responsable y autor de su aprendizaje, de sus acciones, de su vida.
Decálogo de resiliencia
- Puedes crecer en la adversidad
- Puedes superar las dificultades aprendiendo a crecer con ellas
- La vulnerabilidad es una fortaleza.
- Tú asumes tus debilidades, puedes crecer
- Puedes sostener, crecer, llorar, vivir, recordar, mantener, elegir, potenciar…
- Eres un ser humano activo, por la tanto eliges y decides tu camino
- Eres el único dueño de tu vida
- Puedes rehacerte a pesar de las adversidades
- Puedes confiar ,hay personas con las que puedes contar, en especial contigo mismo
- Puedes comprender los procesos que subyacen a las fortalezas y virtudes del ser humano
Todas las personas en el mundo hemos tenido que realizar esfuerzos para sobrellevar el estrés de la pandemia, y esto puede que nos esté pasando factura. Si sientes que los problemas te superan, sientes que la resiliencia es una definición lejana donde tu no puedes ser o hacer lo que el decálogo quiere que seas. Pueden convertirse en consejos vacíos que lo que hacen es empeorar tu estado de ánimo. Quizás es el momento de acudir a un profesional para que hagáis una revisión de por qué te está costando volver a «la normalidad»
Aura Marqués
Psicóloga G. Sanitaria
Terapeuta Gestalt y EMDR
