Comunicación de malas noticias a niños

Al explicar la muerte a los niños es importante que esta explicación se dé en términos sencillos y reales, sin mentiras o invenciones. Por lo tanto se sugiere que no dudemos en usar las palabras “muerto” y “muerte”.

Primeramente debemos valorar si el menor está en condiciones de poder recibir la noticia, o sería conveniente esperar a que lleguen otros familiares. En el supuesto de que estén presentes otros familiares que conozcan ya la noticia, se sugiere que sean éstos, siempre que estén en condiciones de hacerlo, los que le comuniquen al menor lo ocurrido.

Una pautas sencillas para dar la mala noticia a los niños:

  • La mala noticia es preferible que la den los padres o personas de referencia, lo más cercanas posible al niño.
  • Si se puede es mejor darlas en un lugar seguro y tranquilo para el niño, sentandose cerca, poniendose a su altura, abrazarlos puede ayudar.
  • Usemos la palabra muerte o muerto para explicar lo que ha ocurrido, tener presente que lo que ha ocurrido es muy triste, dar nombre a las emociones que surgen.
  • Responder con sinceridad, claridad, dar solo  las explicaciones que el niño pueda entender.
  • No dejaremos al niño solo, y dejando que surjan  las reacciones que tengan que salir, a veces son reacciones normales ante situaciones de este magnitud, (siempre que no sean dañinas para el niño).

A la hora de comunicar la muerte de un ser querido a los niños, es importante que tengamos especialmente en cuenta las características que debe reunir cualquier tipo de comunicación relacionada con fallecimientos:

  1. Hacerlo con serenidad, dulzura y afecto.
  2. Usar palabras sencillas.
  3. Dedicar todo el tiempo que el niño requiera para esta comunicación y para asimilar sus consecuencias según sus directrices.
  4. Estar dispuesto a repetir muchas veces lo mismo.
  5. No añadir preguntas o comentarios que no se han hecho. Para ello se sugiere, como ya se ha citado con anterioridad que en la medida de lo posible busquemos un lugar lo más tranquilo y confortable posible.

Recordemos que la información en la comunicación de malas noticias debe ser clara y sencilla, y con esta población en concentro deben evitarse los eufemismos, del tipo “pérdida”, “se fue”, “se lo han llevado”, “ha pasado a mejor vida”, “se ha marchado de viaje” que puedan posteriormente estimular posibles miedos de los niños a ser abandonados o crear confusión y ansiedad.

Ante la pregunta “¿Qué significa o qué quiere decir muerto?”, explíqueles de nuevo, con palabras sencillas y sinceras, y recordando que los niños piensan de forma muy concreta y tienden a interpretar las cosas literalmente, que “muerto” significa que: “El cuerpo se ha detenido del todo”, “El cuerpo ha dejado de funcionar”, “El cuerpo ya no puede hacer nada de lo que antes hacía”, “El cuerpo ya no puede sentir dolor, caminar, respirar, comer, dormir, hablar, oír o sentir frío o calor”, “El cuerpo ya no sentirá nada nunca más”.

Otro aspecto es la comunicación con niños en emergencias y catástrofes.

Algunas consideraciones al comunicarnos con niños en una situación de catástrofe o de emergencias:

  • Los niños de cinco años o más pueden mentir sobre su estado real.
  • Las reacciones de los niños suelen ser impredecibles en situaciones de salvamento y atención de emergencias, si bien sus conductas dependerán en gran medida de cómo actúe el agente de ayuda. Una correcta aproximación posibilitará un mayor autocontrol al menor.
  • Cuando la situación de socorro sea de extrema gravedad y esté en juego la vida de un bebé, un niño o una niña, pueden aparecer emociones y pensamientos negativos que lleguen a disminuir la competencia del profesional e incluso bloquearle, sobre todo cuando existen elementos biográficos que interactúan con el contexto.
  • A menor edad del atendido, cuando nos identifiquemos como miembro de un grupo de emergencia y rescate (bombero, médico, policía…), mayor necesidad habrá de especificar qué puede esperar de nosotros.
  • Si prevemos que la intervención a realizar puede dilatarse en el tiempo, y está presente la familia, es importante que hagamos una gestión adecuada de la información que se le va a facilitar.
  • Nunca encontraremos en una urgencia un marco sencillo para una comunicación eficaz. Existen numerosos elementos ajenos al propio rescate o a la intervención que influyen negativamente.
  • De forma resumida, los pasos a dar son: identificarnos, informar, animar y/o distraer, tranquilizar al menor, y a sus familiares si estuvieran presentes, explicar en la medida de lo posible lo que se va haciendo, anticipar posibles emociones y reacciones, y escuchar.
  • Hay que adecuar tanto la información como las peticiones de actuación a la edad del menor que las recibe. Es importante prestar atención tanto a nuestro lenguaje corporal como al del niño. El primero, bien gestionado, puede fomentar la cooperación del afectado e infundirle tranquilidad. El del niño puede ayudarnos a anticipar reacciones de ansiedad y nerviosismo.
  • El hecho de que sea un menor no justifica el uso de falsas promesas y/o la evitación como estilo de afrontamiento por nuestra parte.
  • Cuanto mayor es el número de personas involucradas en la situación de rescate, peor será el intercambio de información relevante.
  • En una intervención que finaliza con el fallecimiento del menor, las reacciones posteriores de los agentes de ayuda dependen de factores internos y externos a la propia situación, como por ejemplo, la duración del rescate, el estado anímico previo del profesional, si éste entabló o no relación con el afectado y/o sus familiares durante la atención, sus años de experiencia, la madurez psicológica, el grado en que era predecible el desenlace, etc.
  • Existe un proceso de desgaste psicológico paulatino ante la exposición reiterada a situaciones altamente estresantes, como la intervención en rescates y auxilio con menores, que, sin una red de apoyo social o profesional óptima, y sin las convenientes herramientas emocionales y cognitivas adecuadas, pueden conducir al síndrome de agotamiento.
  • Los recuerdos de la situación de rescate se alterarán con el tiempo en todos los protagonistas del hecho, especialmente en el niño afectado.
  • En ocasiones, algunos profesionales de emergencias muestran arrepentimiento, principalmente y en mayor grado por lo que no hicieron y creen, a posteriori, que deberían haber hecho. Este mecanismo psicológico nos permite aprender de nuestros errores y nos ayuda a recordar pautas de actuación para situaciones semejantes, siempre que poseamos herramientas adecuadas de tolerancia al fracaso.

Cuéntanos tu experiencia, nos ayudará.

 

Os dejo dos artículos sobre como dar la mala noticia a niños:

https://faros.hsjdbcn.org/es/articulo/como-explicar-muerte-ninos

El duelo en los niños

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Aura Marqués.
Psicóloga General Sanitaria

Experta en Psicología de Emergencias y Catástrofes.

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