Cerebro enamorado: qué ocurre en tu cerebro cuando te enamoras

El cerebro enamorado

¿Alguna vez has sentido que no puedes dejar de pensar en alguien? Un cerebro enamorado funciona como una ciudad en fiesta permanente: luces encendidas, música a todo volumen y todas las calles llevan a la misma plaza.

Según la neuropsiquiatra Louann Brizendine, autora de El cerebro masculino, el enamoramiento genera sustancias que provocan una euforia gozosa. Además, esa euforia se parece a la de algunas drogas estimulantes. Y cuando la persona deseada se aleja unas horas, aparece un anhelo biológico y primitivo.

Por eso hoy te invito a subir a un tren y recorrer, parada a parada, los circuitos del amor.

Cerebro enamorado: la fábrica de dopamina

Nuestro viaje empieza en una zona profunda llamada área tegmental ventral (ATV). Imagina una gasolinera que, de pronto, se pone a bombear a pleno rendimiento.

Sus células fabrican dopamina, el neurotransmisor del bienestar, la motivación y la recompensa. A medida que el ATV se llena, aparece una sensación de embriaguez. Es como ver el mundo con un filtro dorado y sonreír sin saber por qué.

El núcleo accumbens: el motor del deseo

Con el depósito rebosante, el impulso eléctrico viaja hasta el núcleo accumbens. Este es el motor motivacional del cerebro y el lugar donde se anticipan el placer y la recompensa.

Sin embargo, la dopamina no viaja sola. En los hombres se mezcla con testosterona y vasopresina. En las mujeres, con estrógeno y oxitocina. Brizendine describe estas combinaciones como combustibles muy adictivos: cuanta más intimidad física, más se refuerza el vínculo con el otro cuerpo. Cada encuentro es un tronco nuevo en la hoguera.

El caballito de mar que no olvida

¿Qué ocurre cuando nos separamos? La mente se convierte en una radio que solo sintoniza una emisora. Pensamos en esa persona, fantaseamos con ella y hasta conversamos con ella en silencio.

Según Brizendine, un hombre enamorado puede dedicar hasta el 85 % de su tiempo despierto a pensar en la persona deseada. Después, el mensaje llega al núcleo caudado, que tiene forma de caballito de mar. Esta estructura trabaja como un escultor con cincel: graba cada detalle de quien nos da placer en la memoria permanente. Su voz, su risa o su manera de despedirse se vuelven inolvidables.

¿La fidelidad es un esfuerzo en un cerebro enamorado?

Normalmente, el circuito sexual se enciende rápido al ver a alguien atractivo. Se activa en un instante y se apaga con la misma rapidez. No obstante, mientras estamos enamorados, ese circuito funciona de otra manera.

Es como si el cerebro mirara por una sola ventana y dejara de fijarse en el resto del paisaje. De ahí que Brizendine plantee que, en pleno enamoramiento, la fidelidad no supone un esfuerzo. No hay una batalla heroica contra la tentación: simplemente el interés por otras personas se atenúa.

Algo parecido sucede en las adicciones, donde todo lo demás pierde color frente a lo único que importa. Queda una pregunta abierta: ¿es el amor una adicción o solo comparte maquinaria con ella?

Conclusión: lo que nos enseña un cerebro enamorado

Enamorarse es dejar que el cerebro tome el volante. Nos llena de combustible, nos pone a todo gas y nos graba un rostro a fuego en la memoria.

En definitiva, conocer cómo funciona un cerebro enamorado no le quita magia al amor. Al contrario, nos recuerda que detrás de cada suspiro hay una orquesta entera afinándose.

La próxima vez que sientas mariposas, piensa en tu pequeña bomba de dopamina trabajando a destajo. Y si quieres seguir explorando cómo funciona tu mente, consulta otros artículos de psicología del blog.

Aura Marqués
Psicóloga, Clínico EMDR, T IFS
Palma de Mallorca 

psicologia viva

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