Cuento: El velero intrépido

 

Este cuento esta indicado para los padres que ven a sus hijos comenzar a caminar solos, y el vació que produce la partida. Lo que se ha llamado en el ciclo de las parejas: «la etapa del nido vació».
Un momento en el que los padres pueden dejar de realizar la función de protectores y maestros que durante años han estado llevando a cabo, y comenzar a reencontrarse con la pareja.

El velero intrépido.

Había una vez en un país muy lejano un rió muy grande y caudaloso que estaba lleno de peces y aguas cristalinas que venían de unas altas montañas. Había pueblos en las orillas que vivían tranquilos de lo que sacaban con la pesca. Todo tipo de barquitos estaban anclados en los puertos, como una comunidad de buenos vecinos, los barcos se relacionaban y se contaban historias.

Un día un barco y una barca se enamoraron y decidieron irse juntos a recorrer el rió. Eran felices navegando el uno al lado del otro. Una noche, cuando ya llevaban un tiempo unidos, soñaron que algo mágico llegaría al día siguiente, y así fue, el rió que era capaz de ver los sueños y estaba de buen humor, les trajo un velerito, pequeño y mimoso. Inmediatamente el barco y la barca lo acogieron, lo pusieron entre ellos dos y siguieron navegando los tres por el caudaloso rió. El velerito  se hizo velero con unas imponentes velas, como alas de mariposa, y allí seguía entre el barco y la barca, que lo protegían de los malos vientos, de las olas traviesas o de cualquier peligro que pudiera aparecer.

 

El velero empezó a impacientarse, quería dejar de estar entre sus dos cuidadores, pero ocurrió que una noche una hermosa sirena subió a bordo del velero, y al sentirse cómoda se quedo. El velero replegó sus velas, y se quedo allí entre el barco y la barca, estos dos contentos de que la sirena estuviera allí pues eso hacia que el velero no quisiera partir, y la acogieron con los brazos abiertos. Cada día le era más difícil al velero atar sus velas, y sufría por esto, «que difícil dejar a su queridos padres sin hacerles sufrir». 
Llego un momento que no pudo más, hablo con la sirena para que bajar de su casco y volviera al rió. Y cuando esta se fue enarbolo sus velas y se alejo.

 

El barco y la barca se quedaron encogidos de dolor, ahora navegaban con un hueco entre ellos, el vacío que le velero había dejado, y para no sentir tanta angustia y no ver lo alejados que estaban el uno del otro, comenzaron a hablar del velero constantemente, creyendo que eso les ayudaría a olvidar el hueco que había entre ellos dos y olvidar el vació de ya no sentirse útiles. ¡Tanto tiempo cuidando!, ¿que podían hacer con esa costumbre? ¿a quien iban a cuidar ahora? ¿cómo se hace eso de dejar de cuidar?.Su labor ya no tenia sentido.

Tantos años haciendo lo mismo les había hecho olvidar que podían hacer otras acciones, como cuidarse a ellos mismos. Y cuanto más hablaban del velero para evitar sentir la perdida, peor se sentían y más lo recordaban.

El río viendo lo que pasaba se sintió triste y con la necesidad de ayudarlos. Se le ocurrió enviarles una gran tormenta, los dos botes se agitaban, peligraban, y se cogieron de la mano, cerrando el hueco que había entre ellos, se unieron y gracias a esto sobrevivieron, y desde entonces ya no se sueltan de las manos y navegan uno cerca del otro.

El velero a veces regresa a contarles sus aventuras a veces se coloca al lado del barco a veces se coloca al lado de la barca, pero nunca en medio, para luego verlo partir rápidamente hacia el horizonte. Y no siempre solo, a veces pueden ver alguna cola de sirena saliendo por la popa.

Este cuento nos muestra la tristeza que deja un hijo cuando se emancipa, algo natural y necesario, el fin de las familias es disolverse para que se puedan crear nuevas familias, y si buscamos dentro de nosotros encontraremos lo necesario para llenar el vacío que su partida crea.

Aura Marqués
Psicóloga y terapeuta.
Palma  de Mallorca

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