Cuento: la mesa y la silla

Crecemos con la creencia que el amor lo puede todo, que con amor todo se soluciona, pero a veces no entendemos que en las relaciones de parejas además de amor hay otros factores implicados que pueden hacer que el amor no baste para estar juntos. Os traigo un cuento metafórico sobre la búsqueda de la media naranja. El encuentro entre dos personas que buscaban el equilibrio y la estabilidad el uno en el otro.

Había una vez un bosque frondoso, lleno de distintos tipos de árboles, algunos grandes y fuertes, otros más pequeños y flexibles.

Estos árboles tenían una cualidad, en lugar de dar frutos sacaban mesas y sillas. Las mesas y sillas permanecían en las ramas hasta que estaban maduras y entonces bajaban al suelo.

Una vez de un árbol salio una mesa que solo tenia dos patas, mientras estuvo en el árbol todo iba bien, la mesa no era consciente de que no estaba completa, y de su dificultad para sostenerse, el árbol le decía que si encontraba el amor todo iría bien.

Cuando estuvo madura para separarse del árbol la mesa bajo a la tierra, pronto descubrió una silla de dos patas también, con serios problemas para estar de pie, y quizás por semejanza, quizás por simpatía, quizás por necesidad, los dos se enamoraron, se encontraron y decidieron unirse. Así apoyándose uno en el otro conseguir estar en equilibrio.

Pronto comenzaron a surgir los problemas, todo iba bien mientras nada se movía, pero en cuanto hacia un poco de aire caían, en cuanto uno de los dos se movía el otro se caía, entonces sentían culpa, pena, rabia, pensaban que toda su vida iba a ser así. aferrados la una de la otra, dependiendo siempre de lo que hiciera la otra. Y comenzaron a desconfiar entre ellas.

Un día oyeron hablar de que en le bosque había un taller de restauración , que conseguían que los muebles recuperaran su forma. Y allí se dirigieron así como podían dando saltitos las dos juntas y a la vez.

Al verlos el artesano entendió que pasaba y les hizo participe de lo que quizás les podría ayudar. Para llevaros mejor entre vosotras dos, estaría bien que cada una, la mesa y la silla os pudierais sostener por vosotras mismas. Les propuso ponerle dos patas a cada una. Y así lo hizo, les coloco las patas que le faltaban y las dejo a una altura para que la silla pudiera encajar su asiento bajo la mesa. Ahora podían elegir cuando estar cerca y cuando alejarse.

Así completas como estaban cada una empezaron a llevar una vida más libre, se podían mover sin dañar ni abandonar a la otra, y no estaban tan a espesas de lo que pasaba fuera, eran más resistentes, equilibradas, seguras, y podían pensar más en lo que realmente les gustaba hacer. Y por raro que pareciera el amor que sentían la una por la otra se hizo mas profundo, intimo y sincero.

Un día de sus patas comenzaron a salir unas raíces que fueron entrando en la tierra y se empezaron a transformar en árboles como sus padres, con la diferencias de que sus frutos ya no fueron mesas o sillas con dos patas sino con cuatro.

Aura Marqués
Psicóloga, terapia de Familia y Pareja

www.psicologiaviva.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *