Rumiación y preocupación

 

Rumiar es el acto que hacen algunos animales para volver a masticar alimentos por segunda vez, de tal manera que los hace digeribles, lo hacen de manera pacifica cuando están tranquilos. Algo parecido hacemos cuando decimos que «rumiamos» , es pensar una cosa con detenimiento, reflexionando sobre ella, indicando una madurez en la persona que lo realiza, pero ¿qué pasa cuando nuestro foco de atención se queda «enganchado» en un pensamiento real o imaginario? pues que nos produce ofuscación, estrés y malestar. 

Yo le digo a mis pacientes: el mismo pensamiento o la misma pregunta pensada 3 veces ya no ofrece una solución, deja de tener el sentido que le dimos la primera vez que lo pensamos. 

Las «rumiaciones» ocurren en, sobre todo, las personas que intentan controlar sus emociones usando el pensamiento, racionalizando.
Se preguntan una y otra vez por qué paso esto y aquello creyendo que si encuentran la respuesta se sentirán mejor, dejaran de sufrir. Sin embargo no ocurre así, sino todo lo contrario, ya lo dice la frase «aquello que no quieres ser, aquello que quieres evitar es lo que mas ocurre».

 

 

¿Por qué se portaron así conmigo?,¿por qué me dejo?, ¿por qué me hicieron esto? ¿por qué a mi?, y se repiten la pregunta una y otra vez hasta la saciedad. Podríamos decir que se autotorturan. 

Preguntas que no llevan a ningún lado, y precisamente esa es la intención, hacerse las preguntas para no encontrar salida y poder seguir en el circulo.

La rumiación y la preocupación esta relacionada con manera que nos regulamos emocionalmente y en creencias cercanas a esas preocupaciones, el estilo de regulación se aprende en las relaciones de apego primarias, aprendemos a regular nuestras emociones, a través de la experiencia de regulación interactiva que se genera en la diada cuidador-niño.

Así si nuestra madre era un poco obsesiva puede que nosotros cuando tengamos una temporada de estrés nos volvamos obsesivos también, o si nuestro cuidador principal estaba a menudo deprimido, eso puede que hagamos nosotros cuando nos vayan mal las cosas. Son dos ejemplos, pero hay más maneras de regularse el malestar.

 

Piensa en cómo lo haces tu cuando algo te incordia. Y ahora ves atrás en el tiempo y recuerda a alguien que hiciera lo mismo o parecido a lo que tu haces. ¿Qué has descubierto?.

 

También puede  ocurrir que no haya apego sano o haya cuidado inadecuado dejando al niño sin un modelo regulador, y puede conllevar la activación repetida de estados emocionales abrumadores, ante los cuales el único recurso disponible puede ser la supresión de esas emociones. Distanciarse y desconectar de los pensamientos que pueden incrementar el malestar con pensamientos repetitivos dando vueltas improductivamente al pasado o dibujando escenarios catastróficas de cara al futuro.

La rumiación sobre el pasado puede tener que ver con culpabilidad, dificultades de aceptar que algo ha ocurrido o intentos de encontrar sentido a algo que no se tiene, por ejemplo haber tenido progenitores críticos o inductores de vergüenza.

 

Rumiar en una manera de centrarse de manera recurrente y repetitiva sobre preocupaciones y problemas.  Rumiar es centrarse en una experiencia emocional, sus causas y sus consecuencias, sin pensar en las posibles soluciones sino que se da la vuelta continuamente a lo mismo, sin variar. Es una autotortura continua.  peleando todo el tiempo con cualquier cosa que venga.

En la rumiación pensamos de forma excesiva en nuestras emociones y problemas, sobre todo en torno a emociones negativas.

La rumiación puede estar relacionada con los estados deprimidos. Las personas deprimidas suelen tener de manera repetitiva pensamientos negativos, sin pensar un soluciones adecuadas.

 

La preocupación seria rumiar pero sobre el futuro y puede aprenderse en entornos de padres preocupados, cuidadores que están continuamente viendo peligros en el mundo, o en las relaciones y donde no han ayudado a los niños incluso penalizan la exploración y la autonomía. La personas extremadamente preocupada cree que si deja de serlo estará en riesgo de que le ocurran cosas malas. Puede que en la infancia los niños hayan pasado por eventos peligrosos. Los niños en estos casos suelen idealizar a los cuidadores. La preocupación en muchas familias se considera un equivalente al amor, «si no te preocupas por mi es que no me quieres», o como sinonimo de protección «si no te preocupas, te pasaran cosas terribles».

Os pongo un ejemplo de un paciente:

Paciente: No puedo dormir, no me entra la comida, necesito saber por qué me dejo así, teníamos un compromiso de decirnos la verdad y me oculto que estaba saliendo con otra persona, sobre todo necesito saber por que no me lo dijo. No hago más que hacerme esta pregunta una y otra vez, y aunque intento distraerme vuelve a venir. No puedo más.

Terapeuta: ¿osea lo que más te duele fue que esa persona no te lo contara?, ¿tu crees que hay un por qué?

Paciente: bueno no, lo que más me duele es que se haya ido de mi lado, quizás no me lo dijo para no hacerme daño, si me digo esto siento que me relajo.

Entender que las rumiaciones excesivas y las preocupaciones nos hace perder energía y capacidad de reflexión, que nos produce ansiedad, y nos bloquea, neutralizarlas mejora nuestro día a día.

Así que reflexionar sobre le pasado es justo y necesario, y en lugar de preguntarte ¿por qué…? quizás cambia la pregunta a ¿para qué…? y quizás encuentres lo positivo de eso que ocurrió y aceptes lo negativo.

 

Cómo dejar de rumiar en este artículo.

Pensamientos obsesivos, rumiaciones.

Aura Marqués
Psicologa, Palma de Mallorca

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