Trauma, una metáfora para entenderlo

 

Para entender cómo afecta el trauma a nuestro mundo interno voy a describirlo mediante una metáfora, «la lámina de vidrio».

Una lámina que nace con nosotros, vive en nuestro interior, nos permite ver el mundo a través de ella, y tiene una cualidad muy especial: vibra cuando sentimos una emoción.

 

Primero días, al nacer

Los primeros días de vida no sabemos muy bien que ocurre, cada emoción, sensaciones que hace vibrar con intensidad la lámina, nos podemos sentir mal y llorar, lloramos por miedo, por hambre, por frio… pero vienen nuestros padres y al mecernos, abrazarnos, la vibración baja,  les dan nombre a lo que nos pasa, nos sentimos reconfortados y seguros, aprendemos que es lo que nos pasa y cómo regularlo.

Vamos creciendo y vamos aprendiendo de nuestros cuidadores principales como hacer para regular la vibración de esta lamina. 

Esa manera de regular las emociones se mantienen durante la edad adulta. La lámina es una ayuda, nos avisa de lo que nos ocurre para que hagamos lo que necesitemos o sepamos para estar tranquilos. 

 

Posibles peligros

Familia Segura

Puede que hayamos nacido en una familia segura, con una base estable y de confianza, donde las emociones y vibraciones son aceptadas y reguladas adecuadamente.

Cada vez que el cristal vibre ellos nos ayudaran a entenderlo, ponerle nombre a lo que sentimos, y el cristal se ira fortaleciendo sin perder transparencia. 

Cada vez que ocurra algo que rompa un trocito de cristal, nuestros padres nos enseñarán como pegarlo de nuevo de manera que quede una fina línea que no impida ver a través, y que encaje perfectamente. Todo esto refuerza más la lamina.  Así iremos formando una lamina de cristal más fuerte y a pesar de poder llevar líneas o cicatrices estas estarán bien adheridas, y encajadas, las cicatrices no duelen.

 

 

Familias inseguras

Por contra imaginemos que estamos en una familia donde las emociones no se viven de manera adecuada.

Pudieron no ayudarnos a identificar las vibraciones de la lámina de cristal, o nos dijeron que eso no era bueno sentirlo. O nos reñían por ser tan sensibles. Podemos imaginar muchas situaciones.

Cada vez que la lámina de vidrio vibra pueden darse alguna de estas posibilidades:

  • Nos meten un chupete en la boca lleno de azúcar o miel
  • Nos gritan que callemos
  • Nos dicen que somos malos
  • Nos dejan llorar hasta que estamos agotados
  • Nos compran muchos juguetes porque no pueden atendernos y creen que así nos dan afecto
  • Nos dicen que tenemos miedo cuando lo que tenemos es frio y nos confunden
  • Nos dicen que nos quieren y luego nos pegan por alguna cosa
  • Nos culpan por ser como somos
  • Nos dicen que no molestemos que están agobiados de trabajo.
  • Se asuntan tanto al ver nuestra vibración que nos asustamos más todavía

 

Creencias negativas

Con esta cantidad de lio sobre nuestras emociones podemos tomar decisiones importantes, decisiones infantiles cuando todavía no estamos preparados para tomarlas, y que luego marcaran la manera de vivir cuando seamos adultos.
Podemos incluso crear creencia negativas sobre nosotros mismos. no valgo, soy tonto, no soy importante. Si una persona adulta tiene esta creencia de base ¿Cómo se comportará con los demás?.

Entonces haremos lo posible para que la lámina no vibre, y esto hará que crezcamos con una lámina fina y frágil. Porque cualquier vibración nos parecerá peligrosa, sentiremos miedo de que la fina lámina se rompa. El bloqueo es la única solución.

Podremos, para no sentir nuestro vidrio, solo estar al tanto de las vibraciones de otros. Incluso en la infancia, cuidar la vibración de alguno de nuestros padres, no molestarles con nuestra vibración. Llegar a pensar que preferimos cuidar la vibración de los demás antes que la nuestra.

 

Qué es el trauma

Tipos

El trauma con T mayúscula, un piedra contra el cristal, que lo rompe a trozos, con un gran estruendo. Cristales rotos por todo, dolor, desesperación, bloqueo, desesperanza, miles de emociones, además de trozos todos vibrando.

El trauma con t minúscula, no hay una piedra que golpea la lámina y la rompe, sino son pequeñas chinitas que golpean continuamente la lámina, y van creando grietas, múltiples rayas, que le quitan transparencia al cristal, que nos hace ver el mundo distorsionado.

 

Cómo se arregla la lámina

Dependerá de cómo sepamos repararla.

Las personas que crecieron en una familia segura, quizás ya saben como pegar los trozos, para que la lámina no pierda transparencia.

Comparten la reparación con personas que les puedan ayudar, buscan ayuda. Saben que la reparación les llevar tiempo pero también saben que cuando este reparada será más gruesa, fuerte y resistente. Da la casualidad de que estas personas han pasado por pocos traumas con t pequeña, o si los han pasado no ha sido durante mucho tiempo ni de manera continuada, ya que tenían personas alrededor que les ayudaban.

Pero hay otras personas que han vivido traumas con t minúscula, y en la edad adulta ante un pequeño incidente la lámina se rompe. Ya vienen con láminas tocadas, cualquier situación difícil la rompe.
Y no saben arreglarlo. Intentan hacerlo sin que les hayan enseñado. Pegan mal los trozos, quedan huecos, trozos sueltos, difícil encajar trozos tan finos. 

Caen en adicciones, depresiones, fobias, maneras de mal arreglar o de seguir ignorando el estropicio. Le cogen manía a la lámina, la detestan y dicen que no les gusta.

 

Resiliencia

Así como es nuestra lámina, y de cómo nos relacionamos con ella, así miramos al mundo. Aunque tengamos una lámina llena de «líneas cicatrices» podemos seguir mirando al mundo con el bastón de la experiencia. Sentirnos fuertes y acompañados.

Y si la vida nos ha roto tantas veces que ya nos rendimos, buscar ayuda para volver a tener una lámina adecuada es la única manera. Pedir ayuda es inteligente y sano. Y nos ayuda a entender lo importantes que son los demás en la vida de las personas. 

Cuidemos la lámina para nuestra estabilidad psico-fisio-social.

El amor de las personas más cercanas es el mejor pegamento para unir los trozos rotos.

 

 

Aura Marqués
Psicóloga. Psicoterapeuta, Clínico EMDR
Palma de Mallorca

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