Adolescentes e identidad, 1ª Parte

 

«No puedo con él» «Me saca de quicio» «No escucha lo que le digo» «Siempre me hace la contraria» «Está perdido» «Mira que pintas que lleva» «Parece infeliz» «Antes aprobaba todo, ahora suspende todo».
Frases que me comentan las personas cuando asisten a la consulta por conflictos con sus hijos. No siempre podemos comunicarnos con nuestros hijos cuando llegan a cierta edad, ya no son los niños amorosos que se dejaban llevar por nosotros, ahora quieren ser diferentes a nosotros, incluso lo opuesto a nosotros, nos critican y menosprecian.

En terapia podemos trabajar tanto con los padres como con los adolescentes, trabajar el vinculo que hay entre ambos, y revisar las expectativas de los padres, y creencias sobre la vida de sus hijos, si estamos permitiendo su evolución normal, o si estamos pretendiendo hacerlos a nuestro gusto.

También el adolescente necesita, quizás, elaborar su cambio, y realizar la transición de la niñez a la adolescencia integrando la educación recibida con su nueva forma de ser, entender los cambios que va a atravesar y sobre todo encontrar los límites propios.

Es una época peligrosa si el adolescente no sabe protegerse de las influencias que lo pueden llevar a las drogas, a un embarazo no deseado, a realizar alguna cosa que luego tenga que llevar toda la vida por delante.

En la consulta trabajamos la auto protección, revisamos los valores y creencias del adolescente y buscamos juntos el camino hacia la formación de un ser adulto completo.

Adolescencia, es el momento de la vida donde se pueden sentir tormentos y fuertes emociones así como frecuentes enfrentamientos entre las generaciones jóvenes y la de los adultos. Época marcada por la necesidad de encontrar una nueva identidad, romper con anteriores formas. Sentirse diferentes y a la vez iguales a sus amigos, independientes y a la vez necesitados de apoyo y valoración. Adultos y también inexpertos sin experiencias.
Las familias que tienen un adolescente en casa se preocupan por los cambios de humor, las influencias de los amigos, el riesgo de fracaso escolar, el posible consumo de drogas, la información sexual, y otras cuestiones de similar importancia.

Aunque el adolescente parece que no nos escucha, que no nos hace caso, incluso nos reta y contradice en todo momento, se puede trabajar con ellos, y conseguir comunicarnos si aplicamos nuestro sentido común de adultos. Ellos al fin y al cabo son personas con cuerpo de adulto y con una mente con poca madurez en algunos aspectos, y aunque no lo expresen nos necesitan, necesitan nuestro cariño y comprensión. Acercarse a ellos desde una perspectiva de aceptación puede ayudarnos a establecer puentes y lazos de unión apropiados.

Con la entrada en la adolescencia, el niño que teníamos en casa irremediablemente deja de serlo. Los cambios físicos aparecen a partir de los diez u once años en las mujeres y un poco después en los varones. Debido a la velocidad de la transformación del cuerpo, muchos adolescentes están preocupados por su apariencia y necesitan ser tranquilizados. Todo este crecimiento, utiliza gran cantidad de energía, lo cuál podría tener que ver con la necesidad que tienen de dormir más. El levantarse tarde de los adolescentes irrita a los padres pero no es producto de la pereza de sus hijos, sino de causas hormonales y físicas.
Es importante tener en cuenta que cada sujeto se desarrolla a un ritmo diferente.

 

Además del rápido desarrollo físico, se producen grandes cambios emocionales que aunque son positivos, a veces pueden ser confusos e incómodos para los adultos y para el propio sujeto.

Para construir una nueva forma de ser en el mundo… los adolescentes deben salir de sus casas. El grupo de amigos es lo más importante en este momento de la vida, y es el lugar donde ellos van a construir su nueva subjetividad. Los padres se hacen menos imprescindibles. Los jóvenes pasan mucho tiempo hablando por teléfono, al frente de la computadora, escuchando música o fuera de casa, lo que irrita a los padres y produce conflictos.

Los conflictos y discusiones, aunque sean frecuentes, no tienen que ver con la personalidad de los padres ni con el que ellos. No es que no nos aprecien o no nos quieran más, sino que está relacionado con la necesidad de los adolescentes de independizarse y construir su propio proyecto de vida.

A la vez que se esfuerzan por ser más independientes, intentan nuevos caminos; pero si se enfrentan con dificultades, suelen enfurecerse, estar mal humorados y perder la confianza en sí mismo; lo que los lleva a refugiarse en sus familias.

Aquí os dejo la continuación de este artículo.

Adolescentes 2ª Parte

Adolescentes 3ª Parte

Adolescentes 4ª Parte

Aura Marqués
Psicóloga adultos y adolescentes
Palma de Mallorca

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