¿Te has dado cuenta que hay situaciones que se repiten en tu vida?. Inexplicablemente repetimos la historia.
Cuando se te repite una historia negativa, algo puede que estemos haciendo para que ocurra. Puedo dar muchas explicaciones, entre ellas, creer que tenemos mala suerte, mal karma, soy gafe.
Ejemplos
Me encuentro con hombres que son como mi padre, o mujeres como mi madre. Tuve una historia de violencia y me uno a personas que son violentas conmigo.
Tengo una pareja y me separo porque ha sido infiel, y me uno a otra que en poco también lo es, y otra nueva… Podemos pensar que todas las personas son infieles, o podríamos pensar quizás, que es un patrón nuestro, en la manera de elegir una pareja, quizás nuestro padre o nuestra madre fue infiel, eso origino una separación de la familia complicada que pudo repercutir dolorosamente en nuestra vida.
¿Por qué todos los golpes me dan siempre en el mismo lado?
En mi casa, mi madre me desvalorizaba, decía «tu no sabes, calla», y ahora estoy en pareja con una persona que me hace lo mismo.
Me enamoro siempre del mismo tipo de persona. ¿Es esto casualidad?.
Me mordió un perro de niña y ahora cada vez que veo uno me pongo a temblar sin saber por qué. Incluso me pasa con otros animales de pelo. Tengo una reacción exagerada.
Cada navidad me deprimo, no puedo celebrar las fiestas solo tengo ganas de llorar. Y no se porque me pasa solamente en esas fechas.
Trauma no resuelto
Si pasa algo que nos sobrepasa y ocurre cuando somos adultos, nuestro cerebro, ayudado por nuestra red de personas cercanas, el hablarlo, soñarlo, pensarlo, pone en marcha la sanación natural que tiene nuestro sistema. Y con tiempo sanaremos este dolor.
Lo que ha ocurrido se procesa, almacena, cuidadosamente como un recuerdo pasado, donde recordarlo, cuando lo hemos asimilado ya no nos produce malestar. Sentimos que eso pasó, y que podemos seguir adelante sin malestar. Incluso podemos haber aprendido algo de la experiencia.
Pero, que pasa si somos pequeños, no tenemos capacidad para entender lo que pasa, y además no tenemos a nadie que nos ayude a asimilar, que nos explique, a alguien que nos consuele.
Nuestro cerebro no puede procesar el hecho y este queda en nuestro sistema sin resolver.
Podemos decir que lo que ha pasado queda sin digerir, hemos intentado comer una chuleta cuando todavía no nos habían salido los dientes. Y esta se ha quedado atragantada.
Esto es un trauma no resuelto. Una situación donde hay imágenes, sonidos, olores, sensaciones, pensamientos, creencias, grabadas que no se borran y que incluso nos revienen durante años.
El cuerpo lo recuerda todo
La verdad es que el trauma no está solo «en la cabeza». Deja una huella física y real en el cuerpo.
El trauma es una herida invisible, y además puede tener un gran impacto en la salud física y emocional futura.
Además, el riesgo de desarrollar problemas de salud física y mental aumenta con el número de eventos traumáticos que se experimentan.
Aparentemente, podemos parecer que estamos sanos, pero con el tiempo los problemas aparecerán, mostrándonos que la herida puede que se haya infectado, y que solo hemos puesto tiritas sobre una brecha que necesita puntos.
Repetimos y repetimos
Uno de los síntomas más inusuales y problemáticos que pueden desarrollarse a partir del trauma no resuelto es el repetir las acciones que causaron el trauma originalmente.
Nos sentimos inexplicablemente atraídos hacia situaciones que repiten el trauma original, tanto con maneras evidentes como menos evidentes.
Es posible que nos encontremos reexperimentando los efectos del trauma, bien a través de los síntomas físicos o a través de una interacción o conductas plenamente desarrollada con el entorno externo.
Estas representaciones repetitivas pueden desplegarse en las relaciones intimas, en situaciones laborales, en accidentes o contratiempos repetidos y en otros sucesos aparentemente aleatorios.
También pueden aparecen en forma de síntomas corporales o enfermedades psicosomáticas. Los niños que han tenido una experiencia traumática a menudo la recrearán en sus juegos.
De adultos, a menudo nos sentimos obligados a volver a representar nuestros primeros traumas en nuestra vida cotidiana. El mecanismo es similar independientemente de la edad del individuo.
Podemos hacer grandes esfuerzos para crear situaciones que nos obliguen a confrontar y lidiar con nuestros traumas no resueltos.
Por desgracia, el vínculo entre la situación original y la representación posterior puede no ser evidente a primera vista. Puede haberse olvidado en parte.
Una persona traumatizada puede asociar el suceso traumático con otra situación y repetir esa situación en lugar de la original.
Los accidentes recurrentes son una manera habitual de realizar este tipo de representación, especialmente cuando guardan algún parecido. En otros casos, las personas pueden seguir sufriendo un tipo de herida particular. Luxaciones de tobillo, desgarros de rodillas, latigazos cervicales, y muchas de las denominadas enfermedades psicosomáticas son ejemplos comunes de estar puestas en escena a nivel físico.
Cómo identificarlo
Habitualmente, ninguno de estos accidentes parecen otra cosa que accidentes, La clave para identificarlos como síntomas de trauma reside en la frecuencia con la que ocurren.
Un joven que había sufrido abusos sexuales en la infancia tuvo una docena de colisiones en la parte posterior de su automóvil en el plazo de tres años. En ninguno de estos accidentes era evidente que la culpa fuera suya.
La representación o situación frecuente es el síntoma más complejo e intrigante del trauma. Este fenómeno puede estar confeccionado a nuestra medida, y suele darse un asombrosos nivel de coincidencia entre la representación y la situación original.
Si bien algunos de los elementos de la representación o situaciones que se nos dan son comprensibles, otros parecen carecer de cualquier explicación original.
Localizándolos
Teniendo en cuenta esto, puedes buscar sucesos y/o accidentes en tu propia vida que parezcan extrañamente repetitivos, y que muy bien podrían ser indicadores de algún trauma no resuelto.
Tal vez hayas olvidado completamente el suceso original que inicio la pauta de comportamiento que retomas a través de las situaciones repetitivas, A menudo, al explorar estas posibilidades de la representación, tendrás una sensación de saber y de no saber al mismo tiempo.
A medida que trabajes con estas pautas y los recuerdos que pueden despertar, confía en tu propia sensación sentida y date el permiso para explorar las conexiones ocultas.
Curiosamente, otro de los síntomas que pueden presentarse es la evitación. Si de niño te caíste en una escalera, podrías sentirte obligado a evitar las escaleras para los restos, y quizás ni siquiera empieces a entender de dónde viene tu aversión.
Los síntomas dan un mensaje
Es importante entender que cualquiera de estos síntomas, o todos ellos, pueden aparecer independientemente del tipo de suceso que haya causado el trauma.
Y los síntomas pueden desaparecer, y desaparecerán cuando el trauma cure.
Para sanar el trauma necesitamos aprender a confiar en los mensajes que nos trasmite nuestro cuerpo. Los síntomas del trauma son llamadas internas a despertar. Si aprendemos a escucharlas, si incrementamos la conciencia de nuestro cuerpo y,, finalmente, si aprendemos a usar estos mensajes, podemos empezar a sanas nuestros traumas.
De modo que si te sientes molesta/o al leer estos síntomas, tal vez puedas replantear tu reacción, considerándola la fase inicial de tu viaje hacia la sanación.
Puedes sentirte agradecido de que tu cuerpo te esté enviando indicaciones de que se necesita una sanación.

Aura Marqués
Psicóloga
Psicoterapeuta Gestalt y terapeuta EMDR




