Empatía si, con límites

Me cuentan:
-yo no puedo contarle a mi madre las cosas que me pasan porque se pone fatal, una vez le dije que me hacían bulling y estuvo una semana en la cama llorando. Así que me guardo para mi las cosas malas.

Esto ocurre muy a menudo, otro ejemplo:
-me paso algo terrible, me cuentan, y se lo fui a contar a una amiga y ella se puso a llorar, y ya no supe que hacer, me sentí fatal por habérselo contado, yo solo lo hice porque necesitaba que me escuchara y ya está.

Otro ejemplo que me han contado y que hace el efecto contrario:
-me fue mal el día, quiero contárselo a un amigo y cuando se lo cuento en lugar de preguntarme como estoy se pone a hablar de cuando a él le ocurrió lo mismo y no me deja casi ni terminar, me he sentido que no me escuchaba ni me calmaba lo que me contaba.

 

 

Tantos ejemplos que seguro que podéis contar vosotros también. Maneras que tenemos de confundir lo que es empatizar, o simpatizar.

 
 

Qué es empatizar

De alguna manera para empatizar dejamos de sentir lo nuestro para sentir lo del otro, con ciertos límites, que si se sobrepasan ya deja de ser empatía. Esta lleva a la conexión, reconocemos lo que puede estar sintiendo la otra persona porque reconocemos sus emociones, desde nuestra escucha. 

Sin intentar buscar una solución al problema sino estar presente, no importa que lo que nos comenta sea positivo o negativo, esto es un juicio y los juicios son racionales, nos saca de la empatía. Implica ser compasivo.

Tampoco empatizamos para buscar aprobación: “si mi pareja esta mal yo estoy mal, necesito que ella este bien”, ¿podéis ver la exigencia que hay en esta demanda?, y la falta de empatía..

Claro que para ser empático necesitamos antes conocernos, saber regularnos y sostenernos en las emociones dolorosas, es un aprendizaje. Nacemos con neuronas espejos, muy necesarias para las relaciones sociales, pero si no se activan desaparecen. Es un aprendizaje que comienza a hacerse desde pequeño imitando a nuestras figuras de referencia. También es un aprendizaje de la vida, a veces pasar por situaciones difíciles nos puede enseñar a ser empáticos, o no.

 
 

Simpatizar no es empatizar

Simpatizar es expresar lo que yo siento sin escuchar primero lo que le pasa al otro, o si me importa no quiero involucrarme, es una manera de parecer sincronizado pero manteniendo una distancia emocional.  Esta lleva a la desconexión. Muchas veces somos simpáticos porque el otro no nos interesa bastante o porque no podemos soportar las emociones que el otro trae. La simpatía quita la importancia de lo que le pasa al otro. Cuando cuentas algo y te das cuenta que la otra persona solo habla de ella misma, nos podemos sentir frustración, que nos quitan importancia.

La simpatía suele ser espontanea, se es o nos hacemos mas o menos simpáticos. Cuando escuchamos al otro, si queremos ser simpáticos, lo hacemos para poder responder enseguida con lo que nos pasa a nosotros, y lo hacemos como un discurso, desde lo racional, o intelectual. 

Nos hacemos los simpáticos para caer bien, buscar aprobación, que seamos aceptados.
Y hacemos esfuerzos por solucionar lo que nos cuentan, o encontrarle algo positivo, o mejorar el estado de ánimo del otro, no intentamos comprender al otro, aunque podemos sentir lo que el otro siente.

Y claro para dar soluciones damos consejos haciéndonos los simpáticos.

 

Aquí os dejo un vídeo subtitulado sobre la diferencia entre empatía y simpatía

 

Cuando dar un consejo no es empatizar

“Tienes que hacer más ejercicio, dejar de hacer la vaga, mejorar tus cuidados” le dice el a ella sin preguntar antes como se siente, si esta deprimida o qué le esta ocurriendo últimamente. 
Entre las relaciones de pareja es muy común que uno de los dos le este diciendo al otro lo que tiene que hacer para estar mejor, y claro se queja de tener que hacer de padre, o de madre, y el otro se queja de que no confie en que sabe hacer las cosas.
 
Cuando aconsejamos nos colocamos en la posición: “yo se y tu no sabes” o “yo se más que tu lo que tu necesitas”,  o”no confío en lo que haces o en lo que sabes”, “yo te puedo salvar” . Pensareis: a veces necesitamos recibir consejos, si, así es, cuando los pedimos, o cuando estamos ante alguien que es un maestro.
 
Damos los consejos basados en nuestras creencias, creyendo que son las mismas en la otra persona, pero ¿y si no son las mismas?, ¿hemos escuchado primero al otro para darle los consejos adecuados a como es?.
Algo bueno es que cuando se dan consejos sin pedirlo o desde una posición de “yo se lo que tu necesitas hacer” lo más seguro es que nuestro amigo o pareja diga que si a todo, pero por un oído le entre y por el otro le salga. Nuestro cerebro es inteligente y sabe protegerse desechando lo que no le es útil.
 
 

¿Cuál es el límite para empatizar?

Vamos a lo que me hizo escribir este artículo. Imaginaos todas las personas que trabajan en sanidad, o guardias de seguridad, o trabajos relacionados con el dolor humano, si cada vez que estuvieran ante una situación tensa se pusieran a llorar, o se derrumbaran. Hay situaciones donde es mejor no empatizar tanto.

 

Los límites donde podemos llegar a empatizar depende de cada uno de nosotros, es el momento donde mi reflexión deja de ser clara y puede que me este bloqueando. Empatizamos cuando estamos fuertes y seguros con nosotros mismo, cuando podemos acompañar a alguien a bajar de una montaña peligrosa mientras nosotros estamos bien asegurados con cuerdas. Muchas veces dependerá del momento en que nos encontremos, de los problemas personales que tengamos, de cómo estén nuestras hormonas. Incluso podemos llegar a la “fatiga de desgaste por empatía“, que es cuando estamos realizando una labor de ayuda y sobrepasamos nuestros limites físicos, mentales y emocionales.

 

¿Os ha ayudado este artículo a reconocer cuando sois empáticos y cuando simpáticos?

Aura Marqués
Psicóloga Sanitaria

psicologia viva

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